Bolivia

Las madres infinitas

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Columna acerca del valor de la madre como ejemplo del esfuerzo constante por cuidar de los suyos; y su rol en el Estado, en diferentes países.

Cochabamba , 27 de mayo de 2026

Periódico Los Tiempos

Las madres infinitas por Nelly Balda Cabello

Más allá del boato y las palabras grandilocuentes, las madres son únicas.

Pienso que las mujeres vinculadas al mundo laboral nos hemos preguntado a menudo sobre la pertinencia o no de dedicar tantas horas al trabajo remunerado cuando, en tantas ocasiones, las labores domésticas, el cuidado de los otros están en el centro de las obligaciones «naturalmente » impuestas.

No podemos desprendernos del » debe ser»: es parte de los mandatos de género.

Somos dadoras de vida, protegemos y cuidamos en un ciclo que se repite sin cesar. Solamente la reproducción tiene un tiempo de término, lo demás nos sigue hasta el final de la vida. Cuidar está adherido a nuestra piel. Sin embargo, nos cansa y agota. No nos hace indiferentes a las pausas necesarias, cuando sentimos que cuidar y cuidar nos desgasta desde adentro de nosotras mismas.

Aun así, las madres ponen el cuidado en el centro. Medito en el dolor infinito de las madres en países en guerra como Ucrania o Palestina que han perdido a sus hijos y cuyas vidas siguen desgarradas por la incertidumbre y la desolación.

Y las madres buscadoras de México, valientes y decididas por encontrar a sus seres queridos, en una lucha desigual con el Estado, hasta las últimas consecuencias.

Me pregunto a menudo qué pasa por la mente de las madres en Estados como Irán donde los derechos de las mujeres y las niñas están recortados drásticamente. Donde una mujer no vale lo mismo que un hombre y las obligaciones y servidumbres son parte de su escenario de vida. Donde la fe y la política misógina se han afirmado con una temeridad y violencia sin par. Donde disentir es una mala palabra y educar a las niñas un derecho negado.

Y las madres latinoamericanas no son la excepción, en países donde la violencia está tan enraizada que es difícil imaginar una cultura de paz. Son sociedades donde las reformas educativas no han cumplido con la tarea primordial de formar espíritus que piensen por sí mismos y tengan la capacidad de decidir. Salvo, quizás, Costa Rica y Uruguay las reformas han hecho poco por mejorar la calidad de las personas y de las democracias. Más aún, parece que vamos hacia atrás.

Y en medio de tanto descalabro de los valores y de la democracia, las madres siguen cuidando en el entendido de que cuidar y proteger es parte de formar y educar bajo el sino de la esperanza y el futuro. ¿Qué haría el mundo sin el firme cuidado de la mitad de la humanidad en lugares tan disimiles por educación, historia, tradición y cultura? Las madres en este lado del mundo enseñan con el modelado de la ejemplaridad y el esfuerzo constante por cuidar de los suyos. Construyen el mundo que está por venir.